¿Qué es el Síndrome de Tourette?

El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico caracterizado por movimientos repetitivos, estereotipados e involuntarios y la emisión de sonidos vocales llamados tics. Provoca que el afectado realice movimientos y sonidos involuntariamente sin un fin determinado. Estos movimientos se repiten de forma intermitente y suelen incrementarse en situaciones de estrés.

A continuación, les compartimos un video explicando lo que sienten y experimentan a diario las personas con Síndrome de Tourette, en diversas etapas de la vida, implicando consecuencias académicas, sociales, laborales, entre otras, cuando hay desconocimiento de este síndrome.

Los síntomas que aparecen en las primeras etapas del desarrollo del síndrome de Tourette se inician entre los 7 y 10 años de edad, siendo la intensidad de los mismos muy variable. Pero en general pueden aparecen en cualquier etapa del desarrollo. La persona afectada puede sufrir períodos de tics constantes y frecuentes, y otros casos en que no hay presencia de éstos tics. Los niños tienen entre tres y cuatro veces más probabilidades de padecer síndrome de Tourette que las niñas.

Aunque el síndrome de Tourette puede manifestarse como condición crónica con síntomas que persisten durante toda la vida, la mayoría de las personas que padecen del mal presentan los síntomas más severos durante los primeros años de adolescencia y van mejorando al avanzar hacia la fase más tardía de la adolescencia y posteriormente en la madurez.

Causas del síndrome de Tourette

Las causas del síndrome de Tourette son aún desconocidas y no hay un consenso científico al respecto. Algunas hipótesis apuntan a que su origen puede estar vinculado a afectaciones en algunas regiones cerebrales incluyendo los ganglios basales, lóbulos frontales y corteza cerebral. Como también alteraciones en las sustancias químicas (dopamina, norepinefrina y serotonina) que proveen la comunicación interneuronal.

Sí se ha podido comprobar científicamente que el síndrome de Tourette es una enfermedad hereditaria y que una persona afectada tiene un 50% de probabilidades de transmitir el síndrome a su hijo. Aunque se herede la predisposición genética no significa que el hijo padecerá todos los síntomas asociados al trastorno. Habitualmente, se ha observado que los hijos de personas con síndrome de Tourette pueden presentar algunos tics de poca entidad, algunas conductas de tipo obsesivo-compulsivas, síntomas asociados al déficit de atención (sin presencia de tics), o incluso una ausencia total de síntomas.

La recurrencia e intensidad de los tics pueden ir a peor o mejorar a lo largo de la jornada, y puede variar a través del tiempo. Las personas afectadas presentan una inteligencia normal, aunque pueden tener dificultades añadidas para el aprendizaje durante la infancia y la adolescencia, a consecuencia de los tics y las patologías conductuales y sociales asociadas, como el trastorno obsesivo-compulsivo, TDAH, trastornos de conducta, alteraciones en el sueño y trastornos en el ánimo.

¿Se pueden controlar los tics?

Aunque los síntomas del síndrome de Tourette son involuntarios, algunas personas a veces pueden reprimir, encubrir o manejar sus tics de distintas maneras con el fin de minimizar el impacto que producen sobre sus actividades. Sin embargo, algunas personas indican que sufren un notable aumento de tensión al reprimir sus tics, hasta el punto que sienten que el tic debe expresarse incluso con mayor intensidad. Los tics provocados por una causa ambiental pueden parecer voluntarios o deliberados pero no lo son.

Tratamiento del síndrome de Tourette

No se precisa un tratamiento específico para los tics, excepto en casos de extrema gravedad o que repercutan en dolores musculares o trastornos en la adaptación escolar y social. En este tipo de casos, se suelen indicar fármacos neurolépticos a fin de reducir la intensidad y frecuencia de los tics.

Por lo que refiere a la terapia psicológica resulta efectivo tratar los trastornos relacionados con el síndrome de Tourette, tales como el estrés, la depresión o la ansiedad, los problemas de aprendizaje y conductuales, y las consecuencias sociales y afectivas que causa el síndrome.

Algunas veces, los pacientes pueden lograr inhibir los tics durante un lapso de tiempo, pero finalmente estos vuelven a aparecer de forma más acentuada. Así, parece deseable que las personas del entorno del paciente se muestren comprensivas y se comporten con naturalidad ante la presencia de tics. Por ende es muy útil la psicoeducación.

Bibliografía:

“Síndrome de Tourette”, NINDS. Publicación 2015 de NIH 13-2163s.