¿Qué es el Síndrome de Tourette?

El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico caracterizado por movimientos repetitivos, estereotipados e involuntarios y la emisión de sonidos vocales llamados tics. Provoca que el afectado realice movimientos y sonidos involuntariamente sin un fin determinado. Estos movimientos se repiten de forma intermitente y suelen incrementarse en situaciones de estrés.

Los síntomas que aparecen en las primeras etapas del desarrollo del síndrome de Tourette se inician entre los 7 y 10 años de edad, siendo la intensidad de los mismos muy variable. La persona afectada puede sufrir períodos de tics constantes y frecuentes, y otros casos en que no hay presencia de éstos tics. Los niños tienen entre tres y cuatro veces más probabilidades de padecer síndrome de Tourette que las niñas.

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Aunque el síndrome de Tourette puede manifestarse como condición crónica con síntomas que persisten durante toda la vida, la mayoría de las personas que padecen del mal presentan los síntomas más severos durante los primeros años de adolescencia y van mejorando al avanzar hacia la fase más tardía de la adolescencia y posteriormente en la madurez.

Clasificación de los Tics:

1- Tics simples: se trata de movimientos breves, involuntarios e imprevistos que afectan un número concreto y limitado de grupos musculares. A pesar de que se presentan de forma aislada, son repetitivos. Ejemplos de este tipo de afectación son: mover la cabeza, parpadear, encoger los hombros, respirar fuerte por la nariz. Las vocalizaciones sencillas pueden incluir el aclarar la garganta repetidamente, olfatear o hacer gruñidos.

2-Tics complejos: son patrones de movimientos específicos, coordinados y cíclicos que afectan a varios grupos de músculos, como patalear, dar un salto, olfatear objetos o personas. Otros tics motores complejos pueden parecer deliberados, incluyendo el olfateo o manoseo de objetos, saltar, brincar, agacharse o retorcer o doblar el cuerpo.

Quizás los tics más dramáticos y que producen mayor discapacidad incluyen los movimientos motores automutilantes, tales como golpearse la cara o tics que incluyen la coprolalia (el decir obscenidades) o ecolalia (repetir palabras o frases de otras personas). Algunos tics son precedidos por un impulso irrefrenable o sensación en el grupo muscular afectado, lo que se llama un impulso premonitorio. Algunas personas con el síndrome de Tourette describen su necesidad de completar un tic de cierta manera o cierto número de veces con el fin de aliviar la necesidad o disminuir la sensación.

Los tics a menudo empeoran cuando la persona está excitada, nerviosa o padece de ansiedad y se atenúan durante la realización de actividades calmadas o que requieren de concentración. Algunas experiencias físicas pueden provocar los tics o aumentarlos. Por ejemplo, el usar ropa que apriete el cuello puede provocar tics en el cuello o el escuchar a otra persona olfatear o aclarar la garganta puede llevar a que el afectado emita sonidos similares. Los tics no desaparecen durante el sueño pero generalmente disminuyen notablemente.

¿Pueden las personas con el síndrome de Tourette controlar los tics?

Aunque los síntomas del síndrome de Tourette son involuntarios, algunas personas a veces pueden reprimir, encubrir o manejar sus tics de distintas maneras con el fin de minimizar el impacto que producen sobre sus actividades. Sin embargo, algunas personas indican que sufren un notable aumento de tensión al reprimir sus tics, hasta el punto que sienten que el tic debe expresarse incluso con mayor intensidad. Los tics provocados por una causa ambiental pueden parecer voluntarios o deliberados pero no lo son.

Causas del síndrome de Tourette

Las causas del síndrome de Tourette son aún desconocidas y no hay un consenso científico al respecto. Algunas hipótesis apuntan a que su origen puede estar vinculado a afectaciones en algunas regiones cerebrales incluyendo los ganglios basales, lóbulos frontales y corteza cerebral. Como también alteraciones en las sustancias químicas (dopamina, norepinefrina y serotonina) que proveen la comunicación interneuronal.

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Sí se ha podido comprobar científicamente que el síndrome de Tourette es una enfermedad hereditaria y que una persona afectada tiene un 50% de probabilidades de transmitir el síndrome a su hijo. Aunque se herede la predisposición genética no significa que el hijo padecerá todos los síntomas asociados al trastorno. Habitualmente, se ha observado que los hijos de personas con síndrome de Tourette pueden presentar algunos tics de poca entidad, algunas conductas de tipo obsesivo-compulsivas, síntomas asociados al déficit de atención (sin presencia de tics), o incluso una ausencia total de síntomas.

Síntomas del síndrome de Tourette

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El síndrome de Tourette aparece durante algún momento de las dos primeras décadas de vida, habitualmente, la primera expresión del síndrome suele ser un tic facial, y es común que cada afectado presente su propio repertorio limitado de tics, repitiendo siempre los mismos. En el transcurso del tiempo, las personas que padecen síndrome de Tourette van manifestando más tics motores de naturaleza variable.

Los pacientes también expresan sensaciones molestas en algunas partes del cuerpo, tales como picor, presión, cosquilleo, comezón. Este tipo de tics reciben el nombre de tics sensitivos.

La recurrencia e intensidad de los tics pueden ir a peor o mejorar a lo largo de la jornada, y puede variar a través del tiempo. Las personas afectadas presentan una inteligencia normal, aunque pueden tener dificultades añadidas para el aprendizaje durante la infancia y la adolescencia, a consecuencia de los tics y las patologías conductuales y sociales asociadas, como el trastorno obsesivo-compulsivo, TDAH, trastornos de conducta, alteraciones en el sueño y trastornos en el ánimo.

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El diagnóstico generalmente requiere de estudios utilizando técnicas de diagnóstico por imagen, tales como la resonancia nuclear magnética, la tomografía computarizada y el electroencefalograma. Además de ciertos exámenes de sangre que pueden utilizarse para descartar la existencia de otras condiciones médicas que podrían confundirse con el síndrome de Tourette.

Tratamiento del síndrome de Tourette

No se precisa un tratamiento específico para los tics, excepto en casos de extrema gravedad o que repercutan en dolores musculares o trastornos en la adaptación escolar y social. En este tipo de casos, se suelen indicar fármacos neurolépticos a fin de reducir la intensidad y frecuencia de los tics.

Por lo que refiere a la terapia psicológica resulta efectivo tratar los trastornos relacionados con el síndrome de Tourette, tales como el estrés, la depresión o la ansiedad, los problemas de aprendizaje y conductuales, y las consecuencias sociales y afectivas que causa el síndrome.

Algunas veces, los pacientes pueden lograr inhibir los tics durante un lapso de tiempo, pero finalmente estos vuelven a aparecer de forma más acentuada. Así, parece deseable que las personas del entorno del paciente se muestren comprensivas y se comporten con naturalidad ante la presencia de tics. Por ende es muy útil la psicoeducación.

¿Cuál es el pronóstico?

Aunque no existe una manera de curar el síndrome de Tourette, la enfermedad mejora en muchas personas en la etapa más tardía de la adolescencia y después de los 20 años. Por lo tanto, algunos individuos pueden llegar a estar libres de síntomas y poder prescindir de medicamentos para atenuar los tics. Aunque el trastorno generalmente dura toda la vida y es crónico, no es una enfermedad degenerativa. Las personas con el síndrome de Tourette tienen expectativas normales de vida. A pesar de que los síntomas del tic tienden a disminuir con la edad, existe la posibilidad de que otros trastornos de neuro-comportamiento, como la depresión, ataques de pánico, fluctuaciones del estado de ánimo y comportamiento anti-social, puedan persistir y causar problemas en la vida adulta.

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Bibliografía:

“Síndrome de Tourette”, NINDS. Publicación 2015 de NIH 13-2163s.