El cerebro de un recién nacido representa sólo un cuarto del tamaño del de un adulto, y en todo el transcurso de su infancia presenta un crecimiento intensivo y masivo de neuronas. Este fenómeno está condicionado por la experiencia, ya que será ésta la que guíe qué conexiones neuronales se preservarán y cuáles no.

Las primeras áreas cerebrales en madurar son las más básicas, relacionadas con la información visual o con el control motor de los movimientos. Luego se desarrollarán las del lenguaje y la orientación espacial. Las últimas áreas  que maduran entre los 20 y 30 años de vida son las que están relacionadas con las áreas frontales.

Esto hace referencia a que las funciones cognitivas del niño y adolescente relacionadas con esas áreas frontales, se encuentran  aún en desarrollo. Estas funciones son como por ejemplo: inhibición de impulsos, toma de decisiones, planificación y flexibilidad cognitiva o intelectual.

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La comprensión del desarrollo del cerebro, permite abordar problemáticas claves para el aprendizaje, tales como la memoria, atención, alfabetización, comprensión de textos, cálculo, interacción social, impacto emocional e incluso qué rol juega la motivación en el niño y adolescente.

Existen datos comprobables que establecen que son necesarios los tiempos de descanso para la consolidación de la información y para el asentamiento del conocimiento y aprendizaje, es por ello que los niños y adolescentes requieren de horas de juegos, recreación y buenas horas de sueño. Además es importante destacar que las neuronas se desarrollan a partir de un patrón genético dinámico moldeado por las exigencias  y los estímulos del entorno.

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Si un niño no recibe la suficiente estimulación intelectual, las vías o circuitos neuronales que tienen que eliminarse no se eliminan, y las vías o circuitos neuronales  que tienen que quedar, no quedan.

La mal nutrición y la desnutrición afectan la actividad neuronal, es decir los neurotransmisores. Martha Farah una reconocida Neurocientífica  de la Universidad de Pensilvania, estudió el impacto de estas carencias en el cerebro de niños en desarrollo que fallecieron por desnutrición. Encontró ciertos efectos negativos en el cerebro que produce una mala nutrición,  la exposición a tóxicos del medio ambiente y los cuidados prenatales inadecuados. Pero lo más valioso de su investigación es que observó la capacidad de reversibilidad de estas condiciones. Ya que el cerebro es plástico y tiene la capacidad de cambio, por lo que adecuados estímulos como una buena alimentación y contención afectiva es muy efectiva aunque pase el tiempo, siempre será favorable una adecuada intervención en estos casos. El cerebro es un órgano lo suficientemente hábil y flexible para adaptarse a cambios favorables.

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La relación entre las neurociencias  y la educación pueden dar lugar a una modificación en las estrategias educacionales que permitirán diseñar nuevas políticas educativas y programas para la optimización de aprendizajes, que incluyan a los docentes y a profesionales de la salud.

La familia, la comunidad, las instituciones y la sociedad organizada en Estados son los responsables del desarrollo de los niños y adolescentes, por ende es necesaria la psicoeducación y que todos estemos informados, para lograr un adecuado desarrollo intelectual, cerebral y educacional en los menores. Para ello es importante el trabajo conjunto y en equipo desde diversas áreas psicosociales e intervenciones ambientales.

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