Según la Liga Internacional de la Leche, una de las autoridades más famosas en el mundo de la lactancia, quien trabaja incluso como consultor de Unicef, recalca estar a favor del colecho con un infante. Su fundamento está basado en investigaciones que demostraron que promueve los vínculos, ayuda a la madre a ser más sensible a los indicios de su hijo/a y a regular los patrones de sueño, les da a ambos la preciada oportunidad del buen descanso.

El entorno generado por el colecho también ayuda a las madres a continuar el amamantamiento a libre demanda, un paso importante para mantener la producción de leche de la mujer.

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También cuestionan diversas investigaciones que determinan que el colecho es una “práctica peligrosa” para las familias, que hacen hincapié en los posibles accidentes catastróficos.

El Dr. James MacKenna, experto en este tema, profesor de Antropología de la Universidad de Notre Dame y miembro del Consejo de Asesores de Salud, ha dado su opinión acerca de esta práctica: sostiene que hay un mayor peligro en dejar a un niño solo en una cuna que en  proporcionarle un entorno en el que duerma acompañado, con las debidas medidas de seguridad, por supuesto. Él mismo dice: “mientras que los peligros específicos estructurales de una cama adulta son importantes, el hecho de que existan no quiere decir que no puedan ser eliminados ni tampoco que todas las instancias de compartir el lecho sean peligrosas”.

Sostiene además que el colecho puede ser una experiencia positiva para una familia en proceso de amamantamiento y considera que no tiene por qué ser peligroso, siempre y cuando se tomen las siguientes medidas de seguridad:

  1. No practicarlo cuando los padres son fumadores o consumidores de sustancias como alcohol, drogas, etc.
  2. Usar ropa de cama de la misma medida del colchón.
  3. Usar un colchón que tenga la misma medida que la cama (especialmente en la cabecera)
  4. No dejar almohadas o frazadas sueltas cerca de la cara del bebé.
  5. No dejar espacios entre el borde de la cama y la pared (para evitar la caída del niño).
  6. No colocar el bebé boca abajo.

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Según algunos Pediatras y Psicólogos, aconsejan evitar el colecho y los padres preguntan ¿por qué evitar esta costumbre tan placentera, cómoda e inocente?

Se sabe que los primeros tiempos de encuentro del recién nacido con sus padres son de una intensidad afectiva extrema. Los padres aprenden a conocer su bebé, sus ritmos de sueño y alimentación, los modos en que prefiere ser acunado y calmado, etc. Ellos regulan el estado afectivo del bebé. Todo esto conlleva a que la primera relación sea básicamente corporal y requiera de una enorme cercanía física. El amamantamiento es una experiencia privilegiada para este encuentro, aún en casos en que se opta por la mamadera.

Para el bebé el cuerpo de la mamá es vivido como una continuidad de su propio cuerpo, del cual aún no tiene registro. Esta continuidad imaginaria entre el cuerpo propio y el de la madre, es fundamental para advenirse como sujeto, como también lo es la posterior separación de esa ilusión y el reconocimiento del cuerpo propio, fundamental para la salud mental del niño en desarrollo. A partir de cierta separación de los cuerpos, la figura materna quedará internalizada y es un antecedente para el desarrollo del pensamiento en el infante.

Entonces, acostumbrar al bebé a dormir con los padres puede llevarlo a una tendencia de persistir en esa percepción de que su cuerpo y el de la madre están fusionados y podría generar dificultades en la búsqueda del bebé de estímulos que ayuden a su autoregulación, antecedente de la autonomía.

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Además, con el paso del tiempo podría afectar en el niño la aceptación de los límites, ya que los padres podrían ser permisivos con esta circunstancia, y cada vez que haya una situación de berrinche un modo de calmarlo podría ser dejarlo que duerma con los padres.

Por otra parte, la habitación y más específicamente la cama de los padres, es un lugar íntimo, privado, de la pareja por lo que es necesario cuidar ese espacio como el “espacio de los adultos”, ya sea para el diálogo o para mantener intimidad sexual. Con el niño en la habitación y más aún en la cama, dificultaría ésta área de la pareja, pudiendo traer aparejados conflictos entre ambos.