Más que un implante, es una extensión del cuerpo: la conexión entre hueso, nervios y músculos hace que el usuario lo perciba como el brazo que le fue amputado.

Las neuroprótesis y los neuroimplantes son ingenios que, colocados en algún punto entre el cerebro y un órgano o tejido, restauran la facultad perdida.

Los tetrapléjicos están entre las personas que más pueden beneficiarse de estos avances. A los músculos de sus piernas y brazos no les sucede nada malo. Su parálisis se debe a que las órdenes que les manda el cerebro a estos músculos y viceversa nunca les llegan.

Esto se debe porque la médula espinal, es quien se encarga de trasportar a través de los axones la información, está lesionada y no puede conectar esta información.

Lo novedoso de este implante es que además de devolver el movimiento, la persona puede experimentar la sensación del tacto a través de una prótesis que se conecta con huesos, nervios y músculos.

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Ésta prótesis ha sido desarrollada por un equipo de investigadores de tres centros suecos: las universidades de Gotemburgo y Chalmers y el Hospital Universitario Sahlgrenska. Encabezados por el mexicano Max Ortiz, han conseguido que se convierta en una prolongación del cuerpo, hasta el punto de que su primer usuario habla de ella no como una herramienta, sino como su brazo. Es un gran avance, ya que muchas personas que han sufrido una amputación acaban rechazando estos instrumentos por considerarlos algo ajeno.
El implante se fija al hueso mediante un tornillo de titanio, un procedimiento muy similar al que se lleva a cabo con las piezas dentales. La prótesis –desmontable– se coloca sobre esa base. Unos conectores ubicados en el interior transportan las señales eléctricas desde el cerebro hasta los electrodos colocados en nervios y músculos, lo que facilita el movimiento.

A diferencia de otros modelos, éste proporciona la sensación de contacto y presión, lo que permite realizar actividades delicadas: por ejemplo, que el usuario tome un huevo sin romperlo.

El próximo objetivo de los investigadores para que las sensaciones sean equiparables a las de un brazo humano es que sea capaz de percibir la temperatura.

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Imagen cortesía de Max Ortiz