Todo niño puede en alguna etapa de su crecimiento, distraerse con facilidad, mostrarse arrebatado o demasiado activo, por lo que resulta importante distinguir si estos comportamientos son propios de la edad o son manifestaciones de la patología. El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), constituye uno de los motivos de consulta más frecuentes en pediatría. El Dr. Daniel Quiroga, profesor de la Facultad de Medicina en Córdoba y miembro titular de la Sociedad Argentina de Pediatría explica que “este trastorno se caracteriza por un patrón persistente de desatención, hiperactividad e impulsividad. La mayoría de los niños presentan las tres características. Sin embargo puede darse sólo una característica e incluso cambiar con el tiempo y la edad.”


¿CUÁL ES EL ORIGEN DE ESTE TRASTORNO?

Existen creencias infundadas en torno al origen del TDAH, algunos lo relacionan con la alta exposición a los videojuegos y televisión, otras creencias lo atribuyen a una crianza pobre o a un ambiente familiar desorganizado, en otros casos lo relacionan a una dieta desequilibrada o a la falta de vitaminas. Pero todas estas creencias no cuentan con validez científica en la actualidad.

Existe un consenso y validación científica que se trata de un trastorno hereditario del neurodesarrollo con una importante intervención genética.

A nivel cerebral se observa un déficit en los circuitos que emplean catecolamina. La resonancia magnética  nuclear y la tomografía muestran alteraciones en los lóbulos frontales y en los núcleos grises del cerebro. La actividad de la dopamina es menor en las personas con TDAH.

5_stroop

Para poder diagnosticar el TDAH en una persona adulta es preciso que el trastorno esté presente desde la infancia, como mínimo desde los 7 años. Debe persistir una alteración clínicamente significativa o un deterioro en más de un área importante de su actividad, como el funcionamiento social, laboral, académico o familiar.

Por tanto, se entiende el TDAH en la edad adulta como una patología crónica, los adultos con TDAH suelen manifestar principalmente síntomas de inatención y de impulsividad, ya que la hiperactividad disminuye con la edad. Asimismo, los síntomas de hiperactividad en los adultos suelen tener una expresión clínica ligeramente diferente a la encontrada en los niños. Por ejemplo, uno de los síntomas de hiperactividad en los niños puede ser el correr por todas partes, subirse a los muebles, etc., mientras que en la edad adulta el mismo síntoma se manifiesta como un sentimiento subjetivo de inquietud. Además se relaciona con autoestima baja o percepciones negativas de sí mismo, con ciertas dificultades para regular las emociones, las motivaciones y la excitación.


Rendimiento académico:

Los estudios de seguimiento hasta la edad adulta de pacientes con un TDAH diagnosticado en la infancia muestran diferencias significativas en el rendimiento académico respecto a los sujetos sin el trastorno. Los pacientes tienden a lograr una menor formación académica en comparación con los grupos control, aun con niveles de inteligencia similares. Así mismo, los adultos con TDAH presentan más problemas de adaptación y disciplina en el ámbito escolar.


Adaptación al medio laboral y conducción de vehículos:

Los estudios refieren que los adultos con TDAH tienen una peor adaptación laboral que los individuos sin el trastorno. Los problemas laborales pueden derivarse de las dificultades en el control de los impulsos y la inatención. Se ha observado que la habilidad en la conducción de vehículos se altera con el TDAH, lo que ocasiona más accidentes de tráfico y son más graves.


Relaciones interpersonales y de pareja:

3_comorbiExisten numerosas descripciones del peor ajuste social de los niños y adolescentes con TDAH en comparación con los grupos de control. Estos problemas pueden persistir en los adultos con TDAH, incluso agravarse, si se tienen en cuenta las crecientes demandas sociales que han de afrontar en la edad adulta. Se han descrito mayores dificultades en las relaciones interpersonales y, de forma más específica, en las relaciones de pareja.

Al igual que en la infancia, la presencia de otros trastornos psiquiátricos asociados al TDAH es frecuente en los adultos. Se considera que un 60-70% de adultos con TDAH presenta comorbilidad psiquiátrica, existe una mayor prevalencia de drogodependencias y trastornos de la personalidad (generalmente antisocial), como también el trastorno depresivo mayor. En menor frecuencia aparecen crisis de pánico y el trastorno obsesivo compulsivo.

EVALUACIÓN DEL TDAH EN ADULTOS

Según las recomendaciones de Murphy y Gordon, para realizar una evaluación del TDAH, se tendrían que contestar cuatro preguntas relevantes:

1. Si existen evidencias acerca de la relación entre los síntomas de TDAH en la infancia y un deterioro posterior significativo y crónico en diferentes ámbitos.

2. Si existe una relación entre los síntomas de TDAH actuales y un deterioro sustancial y consistente en diferentes ámbitos.

3. Si hay otra patología que justifique el cuadro clínico mejor que el TDAH.

4. Si cumplen los criterios diagnósticos de TDAH, ¿hay alguna evidencia de que existan condiciones comórbidas?

Para poder realizar un diagnóstico de TDAH en adultos es fundamental saber qué síntomas son propios del trastorno y cuáles son debidos a otra patología. Si podemos responder a estas cuatro cuestiones planteadas se podrá realizar un diagnóstico de TDAH con una elevada sensibilidad y especificidad.


¿QUÉ HA CAMBIADO  EL DSM-5 ACERCA DEL TDAH?

Durante muchos años, los criterios diagnósticos del TDAH manifestaban que eran los niños a quienes se les diagnosticaba con el trastorno. Esto significaba que los adolescentes y adultos que padecían síntomas del trastorno, no podían ser diagnosticados formalmente con el TDAH. El DSM-5 ha modificado esta definición y ahora tanto adultos como adolescentes pueden ser diagnosticados con el trastorno.

En la edición anterior, el DSM-IV TR, al TDAH se le subclasificaba en tres “subtipos”. Esto se ha modificado y ahora se les denomina “presentaciones clínicas”. Un individuo con TDAH ahora puede padecer TDAH en grado leve, moderado o severo. Esto se basa en el número de síntomas que la persona experimenta y cuán dificultosos hacen la vida cotidiana. Para realizar el diagnóstico, los niños deben presentar 6 o más síntomas del trastorno y para los adolescentes y adultos, el DSM-5 establece que deben tener por lo menos 5 síntomas específicos.


Los criterios para el diagnóstico del TDAH:

Presentación clínica de falta de atención:

• No presta atención a los detalles o comete errores por descuido.

• Tiene dificultad para mantener la atención.

• Parece no escuchar cuando se le habla directamente.

• Tiene dificultad para seguir las instrucciones hasta el final, no finaliza las tareas o trabajos laborales.

• Tiene dificultad con la organización.

• Evita o le disgustan las tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido.

• Pierde las cosas.

• Se distrae con facilidad por estímulos externos.

• Es olvidadizo para las tareas diarias o cotidianas.


Presentación clínica hiperactivo/impulsivo:

• Mueve o retuerce nerviosamente las manos o los pies, o no se puede quedar quieto en una silla.

• Tiene dificultad para permanecer sentado.

• Corre o se trepa de manera excesiva; agitación o inquietud en los adultos.

• Dificultad para realizar actividades tranquilamente.

• Actúa como si estuviera motorizado; el adulto frecuentemente se siente impulsado por un motor interno.

• Habla en exceso.

• Responde antes de que se haya terminado de formular las preguntas.

• Dificultad para esperar o tomar turnos.

• Interrumpe o importuna a los demás cuando están hablando.


Presentación clínica inatento e hiperactivo-impulsivo combinado:

• El individuo presenta síntomas de ambas presentaciones clínicas mencionadas.

 12 TDAH


TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO Y PSICOLÓGICO DEL TDAH EN EL ADULTO:

El tratamiento psicofarmacológico con metilfenidato y atomoxetina muestra una elevada eficacia y seguridad en el tratamiento de adultos. Pero en determinadas ocasiones no es suficiente la medicación a la hora de manejar otros factores, como cogniciones y conductas disruptivas, u otros trastornos comórbidos que condicionan la adherencia y el cumplimiento terapéutico. La intervención psicológica comienza en el momento del diagnóstico, a partir del cual es recomendable que el paciente reciba información sobre el trastorno, para estimular su implicación de forma activa en el proceso terapéutico.

Las intervenciones psicoeducativas ayudan a que el paciente obtenga un conocimiento sobre el TDAH que le permita no sólo ser consciente de la interferencia del trastorno en su vida cotidiana, sino también que el mismo sujeto detecte sus dificultades y defina sus propios objetivos terapéuticos. Frecuentemente se relacionan con dificultades para ser constante y cumplir objetivos, problemas en las relaciones interpersonales, percepción de tener un bajo rendimiento y baja autoestima. Estos aspectos también pueden ser trabajados en terapia de grupo, y su efecto puede potenciarse por el apoyo y aceptación aportados por sus miembros. Percibir que existen otras personas con problemas idénticos y aprender desde sus estrategias ayuda al individuo a aceptar el trastorno y encontrar formas alternativas de afrontarlo.

La terapia cognitivo-conductual es el abordaje más eficaz de la sintomatología refractaria al tratamiento farmacológico en adultos con TDAH. Además, esta intervención parece mejorar los síntomas depresivos y ansiosos comórbidos, así como la adherencia terapéutica. Los tratamientos psicológicos pueden ayudar al paciente a afrontar los problemas emocionales, cognitivos y conductuales asociados. Por todo esto, se considera que los tratamientos multimodales son la estrategia terapéutica indicada en el TDAH.

Referencia: American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (DSM-5), Washington, D.C.: American Psychiatric Association.