El accidente cerebro vascular o Ictus es una enfermedad vascular que afecta a las arterias del cerebro o aquellas que llegan al cerebro. Puede ser provocado por el taponamiento o la rotura de una arteria del cerebro. Es una causa muy frecuente de muerte y la primera causa de invalidez o discapacidad en los adultos y adultos mayores.

Un ataque cerebral puede ser devastador para las personas y sus familias, quitándoles su independencia y su calidad de vida. Es la causa más común de discapacidad en los adultos.


Puede darse por dos causas:

Ataque cerebrovascular isquémico: es la causa más frecuente y se produce cuando se obstruye una arteria y no llega sangre a una parte del cerebro. Se conoce también como infarto cerebral. En la mayor parte de los casos la obstrucción está producida por la presencia de placas de ateroma, lo que llamamos arteriosclerosis (las arterias que se vuelven rígidas, en un proceso progresivo que consiste en la acumulación de colesterol, calcio y otras grasas en la pared de las arterias. En ciertas zonas de las arterias el estrechamiento puntual es más intenso, llegando a tapar casi por completo el paso de sangre al cerebro, llamado estenosis. En otros casos se debe a la llegada de un trombo desde otras zonas del organismo, generalmente desde el corazón (embolia). Estos trombos se pueden soltar y por su tamaño llegan a arterias más pequeñas por las que no pueden pasar, las taponan totalmente y producen lo que se llama isquemia aguda (embolia cerebral).

Ataque cerebrovascular hemorrágico: se produce al romperse una arteria dentro del cerebro provocando una hemorragia y dañando el sector donde ocurre. Puede ser por hipertensión arterial o la causa más frecuente de rotura de una arteria cerebral es la presencia de un aneurisma, es una dilatación permanente de una arteria causada por la debilidad de su pared. La hemorragia intracerebral que se produce no puede liberarse al exterior ya que el cerebro está encerrado en los huesos del cráneo, por ello la sangre presiona lo más blando, el cerebro, produciendo la falta de oxigenación de la zona y las lesiones subsecuentes de los tejidos.

acv


¿Cuáles son los síntomas?

Es muy importante reconocer los síntomas para reducir en forma inmediata el daño cerebral. Cada minuto transcurrido es crucial para prevenir los daños del ataque sobre la actividad motora del cuerpo, la palabra, la visión, la actividad psíquica y por supuesto la muerte. Ante la ocurrencia de los siguientes síntomas es muy importante recurrir al médico que sabrá diagnosticar qué tipo de ataque cerebral está en curso.

Es importante tener en cuenta el comienzo brusco de alguno de los siguientes síntomas:

  • vértigos
  • dificultad para hablar
  • piernas o brazos entumecidos o adormecidos
  • entumecimiento o adormecimiento de la cara
  • dolor de cabeza intenso no habitual
  • dificultad para caminar, pérdida de equilibrio o coordinación
  • pérdida súbita de la visión de un ojo, o visión borrosa o limitada
  • mareos
  • dificultad para manejar los brazos o coordinar los movimientos
  • confusión general, desorientación
  • compromiso de conciencia
  • náuseas y vómitos


Factores de riesgo

Ciertas afecciones y situaciones pueden aumentar el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular:

  • Edad: mayores de 65 años presentan mayor riesgo.
  • Presión arterial alta (hipertensión arterial): puede a menudo controlarse con ejercicio físico, una alimentación sana y ciertos medicamentos.
  • Enfermedad cardiovascular (tal como la enfermedad arterial coronaria, la enfermedad valvular cardíaca y las alteraciones del ritmo cardíaco): las personas que sufren de una enfermedad cardiovascular tienen el doble del riesgo de padecer un accidente cerebrovascular.
  • Aterosclerosis: a menudo denominada «endurecimiento de las arterias», es una enfermedad que se caracteriza por la acumulación de materias grasas, colesterol y calcio en las paredes internas de las arterias. Esta acumulación de grasa puede obstruir los vasos sanguíneos.
  • Apnea del sueño: es uno de los principales factores de riesgo porque eleva la presión sanguínea y disminuye la concentración de oxígeno en la sangre. Aunque puede controlarse, las personas que padecen esta enfermedad tienen mayores probabilidades de sufrir un accidente cerebrovascular. La incidencia de accidentes cerebrovasculares es mayor en las mujeres diabéticas que en los hombres diabéticos.
  • Accidente cerebrovascular previo: El riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular aumenta considerablemente si la persona ya ha sufrido uno. Si la persona ha sufrido un ataque cardíaco, también tiene un mayor riesgo.
  • Herencia: El riesgo es mayor en las personas que tienen antecedentes familiares de accidente cerebrovascular.


Factores contribuyentes

Estos factores aumentan de forma indirecta el riesgo de un ACV. La implementación de cambios en el estilo de vida puede prevenir o disminuir considerablemente el riesgo de sufrir uno.

  • El hábito de fumar
  • Consumo excesivo de alcohol
  • Uso de drogas ilícitas
  • Inactividad física
  • Obesidad
  • Píldoras anticonceptivas orales si se los combina con otros factores de riesgo, tales como el hábito de fumar, el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular aumenta.


Recomendaciones para prevenirlo

  • Controlar la hipertensión arterial y tomar la medicación correspondiente en el caso que sea necesario.
  • No fumar.
  • Tratar adecuadamente los trastornos del colesterol con dieta y medicamentos si fuera necesario.
  • Tratar la diabetes o el síndrome metabólico (resistencia a la insulina).
  • Desarrollar una actividad física regular y moderada.
  • Controlar el déficit de magnesio.
  • Tener un diagnóstico precoz de las obstrucciones arterioescleróticas de las arterias carótidas (se realiza por medio de un examen médico y una ecografía de las arterias carótidas).
  • Prevenir con medicación las trombosis y embolias cerebrales.


Afectación cognitiva y emocional

Dependiendo de la o las zonas cerebrales afectadas, serán los posibles déficits motores, sensitivos o cognitivos que presentará una persona que padezca un ACV.

Es importante además de la evaluación médica tanto del neurólogo como del médico fisiatra, considerar evaluaciones de otras áreas profesionales, como por ejemplo fonoaudiólogos, kinesiólogos, terapistas ocupacionales, psicólogos y neuropsicólogos.

El trabajo interdisciplinario ayuda a no sólo realizar un diagnóstico más certero sino además a llevar a cabo un tratamiento tanto para la persona que presenta déficit en diversas áreas como también la familia quienes acompañan al paciente e intentan sobrellevar esta situación.

Es importante realizar una adecuada evaluación neuropsicológica con test estandarizados que permiten obtener un perfil cognitivo de los déficits y recursos del paciente. El objetivo es poder comprender cómo estas alteraciones afectan las actividades cotidianas de la persona, con el propósito de llevar a cabo un programa de rehabilitación neuropsicológica para trabajar sobre aquellas dificultades que limitan el nivel de independencia.

Las alteraciones cognitivas pueden presentarse en relación a problemas de memoria, tanto para almacenar como para evocar información, en la orientación témporo-espacial y autobiográfica, problemas atencionales, tanto en la concentración como en la atención selectiva (heminegligencia), agnosias y apraxias de diversos tipos, déficit en la capacidad de organizar y planificar actividades, dificultades para comprender y emitir el lenguaje oral y escrito, alteraciones en la visoconstrucción y en la percepción, anosognosia, entre otras.

Por otra parte, en los casos donde el paciente es consciente de sus dificultades motoras y cognitivas, presentan por lo general cierta labilidad emocional, y en muchos casos esto lo lleva a frustraciones constantes y a desencadenar síntomas depresivos y/o ansiosos. Una patología de aparición brusca e inesperada produce cambios importantes y radicales en el nivel de vida que llevaba anteriormente la persona y en su contexto familiar y social.

En otros casos, los pacientes pueden estar anosognósicos, por lo que no pueden tomar conciencia real de sus dificultades ni de las consecuencias de sus actos ni decisiones. Pueden parecer apáticos, desmotivados y con falta de iniciativa. En algunos casos pueden presentar problemas conductuales tales como desinhibición, perseveraciones, comportamiento pueril, etc.

Por esto mismo es muy importante el acompañamiento psicoterapéutico y la psicoeducación tanto para el paciente como para su familia, para poder apoyarlos, contenerlos y brindarles herramientas y estrategias para sobrellevar esta situación.

El objetivo es buscar el mayor nivel de independencia posible para el paciente y además aliviar el trabajo de los cuidadores. En síntesis se busca mejorar la calidad de vida de la persona afectada por un ACV.